Este 2 de marzo, más de 876,605 estudiantes regresan a clases en todo el país —737,200 en el sector oficial y 139,405 en el particular— en un contexto marcado por el debate nacional sobre una reforma educativa que busca establecer una ley marco desde preescolar hasta la universidad. El inicio del año escolar vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta de fondo: ¿estamos preparando a los jóvenes para el Panamá productivo que hoy exige nuevas competencias?
Desde el Consejo del Sector Privado para la Asistencia Educacional (CoSPAE) advierten que el desafío no es solo ampliar cobertura o revisar contenidos, sino garantizar una formación verdaderamente pertinente. “Hay que dar una formación pertinente. Eso significa no enseñar por enseñar, sino identificar cuáles son las necesidades reales del país y del mercado laboral, y ajustar la formación en función de eso”, señaló la presidenta de CoSPAE, Carmen Sealy de Broce.
La dirigente subrayó que la brecha no se limita a contenidos técnicos. “Claro que se necesita una buena base en matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Pero también debemos sembrar habilidades socioemocionales: pensamiento crítico, comunicación efectiva, capacidad de análisis y adaptación. El mundo cambia muy rápido y los jóvenes tienen que aprender incluso a desaprender y volver a aprender”, sostuvo.
Formación alineada al mercado laboral
En el marco de la propuesta de crear un Equipo Nacional de Actualización Curricular que revise de manera permanente los contenidos educativos, Sealy de Broce considera que la ley debe tener un enfoque claro hacia el mercado laboral. “Primero hay que preguntarse hacia dónde va Panamá y cuáles son sus principales motores de desarrollo. A partir de ahí debemos definir qué necesita el estudiante. El manejo de herramientas digitales, idiomas y tecnología ya no es un valor agregado, es parte de lo básico”, afirmó.
Para CoSPAE, la transformación educativa también requiere corresponsabilidad. “No basta con decir que no conseguimos talento. Las empresas deben precisar qué habilidades necesitan y la academia debe reaccionar. Gremios como el nuestro podemos ayudar a identificar esas brechas concretas y trabajar para cerrarlas, pero esto debe darse en ambas vías”, puntualizó.
El regreso a clases, en medio del debate por la reforma educativa, representa así una oportunidad para avanzar hacia un modelo que no solo forme estudiantes, sino que prepare ciudadanos empleables, competitivos y capaces de responder a los desafíos productivos del país.
Comentarios